Cuarenta remos de la nave Argo a la deriva, que es donde enviaron a Jasón y sus argonautas, con intención de que muriera en esa imposible misión de traer el vellocino de oro. El poder se tambalea ante la novedad y los soñadores, ante la realización de una utopía, ante el rugido de un tigre. Así que pisotea a la mente libre que no se decanta por ningún bando, los bandos son para las bandas, para que los manipule el poder.

El rapto del argonauta Hilas por las ninfas de una fuente muestra la libertad incluso de ser raptado, aunque sea por buscar agua, la aventura y desventura de uno mismo, asumiendo su viaje.

Ya en la Cólquida, le impusieron tareas imposibles porque al ser humano le asusta la utopía y todavía más la libertad. ¡Qué miedo ser libre! Supondría que nadie tendría la culpa de lo que te pase, ni siquiera uno mismo, que es peor.

Los muros caen si coges tu espada, todo está interconectado y por eso apareció Medea, la hechicera. Se encontró con Jasón en ese hotel atemporal llamado pasión y las utopías cayeron porque se hicieron realidad. Ahora sí, libre de uno mismo aparece el mundo y el amor. Medea y Jasón engañaron a la serpiente insomne que protegía el vellocino, para que tuviera pesadillas y partieron con el tesoro de vuelta.

En toda odisea no importa el final porque el final está en el propio viaje y el viaje es despertar y despertar es darse cuenta… de que no te dabas cuenta.