Esas sombras a las que te apegas, esos espacios vacíos de los que huyes, los objetivos no alcanzados y los sueños que te soñaron. No es su falta lo que te deja agotado, es la creencia de que los necesitas.

La carga de lo que creemos necesitar pesa más que el peso exacto de esas sombras. Escucha ese susurro al oído de que si no posees lo que anhelas no estarás realizado.

¿Y si soltaras las ataduras? Esas que tú mismo has creado. Abrazar la existencia estando presente en los claroscuros y no solo en los matices agradables. Apasionarte en la presencia de todos los momentos, sin escape.

Arranca tus sueños del cielo nocturno, eso sí, solo por gusto, aunque no los consigas, es entretenido, es tu esencia. No te centres en el resultado o serás su esclavo. Haz con ellos un verso, un edificio, una sinfonía, una amistad, una escucha, lo que sea que sepas hacer. Sal a su encuentro.

Al final del día, no son las sombras las que nos definen, sino darse cuenta de la luz que las proyecta. El sol no se da cuenta de donde está el sol. Simplemente es. Evitar lo que eres quizá te haga más adaptado, pero nunca serás.