La vejez es como darte cuenta de que tu cuerpo es solo un taxi viejo que has estado conduciendo durante décadas. El otoño llega, la nieve cae despacio, y te das cuenta de que estás en el asiento trasero, mirando por la ventana, preguntándote cómo diablos llegaste aquí.

Así que decides saborear cada momento, como si fuera el mejor capítulo de tu libro favorito. En este capítulo tardío, mandas al diablo las miradas ajenas y te sumerges en el juego de la vida sin reglas. Saboreas cada instante como si fuera una línea de un interesante relato, y sientes el calor de un rayo de sol que persiste en el invierno del tiempo.

La vejez, en la novela de la existencia, es cuestión de actitud. Poseo un cuerpo, sí, pero soy mucho más: soy la narrativa que se despliega en cada página, recordando que la esencia de la vida reside en esos pequeños detalles que a menudo pasamos por alto.

Eres el espectáculo en cada instante, incluso cuando el telón está a punto de caer.