Hay un tipo de personas que tiene la habilidad especial de no caerse jamás. No es que sean muy coordinados o tengan músculos de acróbatas; simplemente viven agachadas, como si debieran disculparse por ocupar espacio.
Han hecho del “por si acaso” una nueva religión. Por si acaso me daño. Por si acaso me equivoco. Por si acaso alguien se molesta. Por si acaso hay tormenta. Por si acaso ocurre algo. De esta manera, por supuesto, no se caen nunca, pero tampoco van a ninguna parte.
Hay tantos “por si acasos” en la vida, que evitan el riesgo, el amor o las decisiones. Son tan prudentes que algunas veces olvidan respirar hondo, por si acaso eso también pueda traer consecuencias.
A veces, sueñan con ser emprendedores, estirar la espalda y otear el horizonte. Ven caerse a alguien con estilo y los envidian. Pero se les pasa rápido.
Algo les frena. Parece que para no caer han aprendido a no vivir demasiado.