Las seis y cuarto de la mañana la empuja de la cama porque a alguien le pareció buena idea trabajar temprano. Canta “O Sole Mio” en la ducha con su pelo ondulado en movimiento antes de mojarse. Se enfunda medias rojas que hacen juego con su chaqueta, un poco de colorete y sonrisa falsa para la inevitable reunión de grupo.
Las mismas caras en el metro, los mismos pensamientos reciclados, el mismo mendigo junto a la iglesia de San Juan, la misma puerta gris de oficina, el mismo día disfrazado de otro año, la misma decadencia con envoltorio diferente.
La fotocopiadora, fiel a su falta de imaginación, escupe el documento tan importante que a Laura le importa un carajo. Algo le llama la atención en la ventana. Un gorrión con cojera parece hacer un baile pirata en la repisa. Repisa rima con la risa que le da.
En un gesto de esos suyos, de sacudida airosa de pelo alborotado al viento, ese gesto de cuando le viene una idea, abandona la oficina, abandona las mismas caras, los mismos pensamientos, el mismo metro, compra caballete, oleos y pinceles para diseñar su propia obra, su propio encuentro.
El mendigo de San Juan canta “O Sole Mio” mientras el sol juega con el brillo en el pelo de Laura.
“No te preguntes cómo ser libre, pregúntate de qué quieres liberarte” (L. Resano)